Rock impop: ¿Quién establece la agenda del medio de comunicacón?

rockimpop_frontcoverEste es un fragmento de Rock impop: El rock mexicano en la radio Top 40.

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La pregunta podría parecer ociosa y fuera de lugar porque la respuesta al parecer es obvia: los propios medios de comunicación; pero es necesario hacerla ya que la gente que trabaja en estos no está exenta de intereses económicos, políticos, sociales y culturales. Los medios, al ser expositores de diversas realidades temáticas, están sujetos a críticas y elogios, muchos de los cuales tendrán efecto en función de las relaciones que el medio tenga con otros actores sociales o, dicho con otras palabras, “después de todo, el establecimiento de la agenda es una parte importante del trabajo de relaciones públicas.”[1]

Es cierto que la responsabilidad de elegir qué estará dentro y fuera del contenido del medio recae en editores, directores, productores, gerentes, programadores o hasta los mismos dueños de los medios de comunicación, pero no se puede negar que cada uno de ellos tiene nexos empresariales o personales con gente que no está dentro del medio de comunicación. Más allá del puesto que tenga quien elige los temas de la agenda mediática, para fines de la agenda-setting se llama gatekeeper a la persona que mete o deja fuera un tema de la agenda.

Raquel Rodríguez Díaz resume de la siguiente forma las relaciones del gatekeeper con su entorno social y la influencia que esto tiene en la agenda del medio (ella pone de ejemplo un periódico):

– Relaciones de factor humano (subjetividad). La persona selecciona noticias de acuerdo a sus gustos, preferencias, manuales de estilo o escuelas aprendidas.

– Relación espacio-tiempo. Son muchas las noticias que llegan a las redacciones y muy pocas las que, después de un proceso rápido de selección, tienen espacio para salir a la luz.

– Factores circunstanciales. Por su naturaleza pueden resultar ajenos al gatekeeper pero terminan convirtiéndose en los temas destacados como es el caso de acontecimientos (events) que ocurren a última hora y no están previstos en la agenda.

– Factores psicológicos o de percepción. Favorecen que unos temas luzcan más que otros y por consiguiente llamen más la atención del gatekeeper o de cualquier otra persona.[2]

Para visualizar las distintas relaciones que intervienen en la formación de la agenda de un medio, McCombs realizó el siguiente diagrama:

LA METAFÓRICA CEBOLLA DEL ESTABLECIMIENTO DE LA AGENDA MEDIÁTICA[3]

 2

En este diagrama, McCombs tiene a la agenda mediática como el corazón de la cebolla, la cual tiene tres capas que la cubren. La más superficial está compuesta por las fuentes informativas externas, tales como personas, instituciones susceptibles de convertirse en noticia o agencias de noticias. Posteriormente viene la capa de otros medios informativos, esto es, que el medio monitorea los contenidos de los competidores para conformar la agenda propia. Por último, la capa más cercana al corazón está hecha por el tratamiento de los temas que se integran a la agenda, es decir, el enfoque,  línea editorial o manual de estilo que se le da a la información en cada medio.

Pasando al terreno de la radio de Top 40, Jorge García Negrete expone algunas de las fuentes con las que una emisora arma su programación musical.

– Las llamadas del público que solicitan la emisión de determinadas canciones, en donde tienen una participación los clubes de admiradores de los artistas que son apoyados por las propias disqueras.

– Los promotores de las compañías grabadoras que tienen como finalidad que sus discos se toquen más para venderse más; buscan cuadrar canciones.

– Las revistas especializadas que publican listas de popularidad.

– Los informes de investigación de audiencia.

– La observación de las estaciones de la competencia.

– Los informes de ventas de las tiendas de discos.[4]

Javier Trejo Garay expone el mismo tópico de la siguiente forma:

“[…] cada director artístico tiene un formato, tiene una idea, un plan, y dentro de ese plan va ubicando; interviene mucho el gusto del programador, pero también se basa en muchas otras informaciones: desde el hit parade, las canciones más tocadas en la radio, incluso en la competencia, y cuáles son los discos más vendidos, también de revistas como el Billboard que también presentan listas en español, los éxitos, valga la redundancia, las canciones más exitosas.”[5]

Hasta este punto podría parecer que la programación musical se arma de una manera objetiva, sin embargo, tal como lo afirma Ramiro Garza en la entrevista realizada para esta investigación, hay apoyo en “un instrumento netamente nacional: el orejómetro. Había el radiómetro y yo inventé el orejómetro porque no hay universidad que te diga qué canción va a pegar, es lo que tú oyes, lo que tú sientes, lo que puede prender la mecha. Claro, de diez intentos pegaban tres, pero los tres que pegaban eran sensacionales.”[6]

El armado de la programación musical en una radio Top 40 tiene un ciclo muy claro. En primer lugar, la disquera manda a la estación un sencillo para que lo programe, la estación lo puede aceptar o rechazar. En caso de que el sencillo sea aceptado se comienza a programar, los clubes de admiradores del grupo o solista comienzan a pedirlo a la estación para que ascienda en el número de tocadas a lo largo del día y en lugares en la lista de popularidad. Dicha lista será publicada en revistas especializadas en música. El sencillo se sigue haciendo exitoso (el videoclip puede ocupar algún lugar en canales de televisión musicales, así como también puede ser usado en alguna serie televisiva o campaña publicitaria, o también comenzarse a tocar en centros nocturnos) y más gente (no sólo fanáticos) lo piden. Poco antes de llegar a los dos meses de éxito, el sencillo comienza a decaer en la lista de popularidad y, por lo tanto, en el número de tocadas en la estación; sin embargo, otro sencillo tomará su lugar gracias a que se ha usado el mismo proceso con este y todos.

Dicho proceso podría seguir pareciendo objetivo, pero hay que recordar que el medio y la gente que labora en él tienen intereses y están sujetos a relaciones públicas con las que deben cumplir. Es en este momento en que entran dos conceptos claves en la programación de una emisora: el primero de ellos es la censura y el segundo la payola, ambos conceptos serán abordados a lo largo del capítulo II de esta investigación, pero a continuación se dará una introducción con el fin de conocer de qué manera ambas acciones intervienen directamente en la toma de decisiones de la agenda musical.

La práctica de la censura y la payola resulta opuesta debido a que la primera obstaculiza la entrada de un grupo, solista o sencillo a la emisora, mientras que la segunda la facilita. La censura se puede deber a diversos factores que van desde líneas editoriales, ideologías políticas o a la simple subjetividad del gatekeeper que no desea incluir algún sencillo a la programación con base en sus gustos o relaciones personales. Por el otro lado, la payola es el acto de gatekeepers de aceptar regalos por parte de un promotor, una disquera o del grupo mismo, con fines de que su música sea aceptada en una emisora, o bien, que tenga mayor rotación e importancia dentro de la programación.

Con lo anterior se puede deducir que los gatekeepers, en el caso de las estaciones de radio de Top 40, no sólo son los programadores de las emisoras a pesar de que ellos son a final de cuentas los que tienen la última palabra sobre qué entra a la estación y qué no; sin embargo, tienen fuentes de información o tratos con gatekeepers externos[7] que son quienes recomiendan o compran el acceso (en el caso de la payola) de sonar en una estación de radio musical. De la misma forma, los gatekeepers eligen lo que no sonará en una estación de radio. En primer lugar, el programador puede no aceptar un sencillo y, por otro lado, la gente de las disqueras puede eliminar grabaciones, palabras, sonidos o frases de discos que ya han sido grabados. Otra forma de censura que resulta ser muy sutil es que en las estaciones de radio de Top 40 el acceso para grupos y solistas que no están firmados por una disquera resulta ser complicado mas no imposible, ya que, como menciona Raquel Rodríguez Díaz, pueden existir factores circunstanciales que se incluyen en la programación sin plan previo.[8]

De cualquier modo, es posible afirmar que “en la radio no tienen cabida los intereses e inquietudes de los distintos sectores que componen su auditorio; es decir, no hay presencia del interés popular. Por el contrario, el funcionamiento del medio corresponde al interés de los grupos dominantes.”[9] Por eso, aunque existan programas y dinámicas bajo la premisa “tú eres quien arma la programación”, lo que en realidad hace el público es solicitar lo que previamente fue seleccionado por alguien más; aquí cabe recordar que es precisamente ese un ejemplo de la omnipresencia expuesta por Wolf y citada en el apartado “Realidad” de este mismo capítulo.

Hasta este punto ha quedado expuesta la importancia de la teoría de la agenda-setting y su pertinencia en la radio musical, especialmente la de formato Top 40, la cual, sin duda alguna, suele estar presente en la cotidianidad de las personas. Además, contrario a lo que algunos teóricos piensan, se pudo transportar dicha teoría a un ámbito no político-social, especialmente de entretenimiento (sin olvidar que la radio musical también puede tener implicaciones políticas, por ejemplo) como lo es la radio musical. Finalmente, en este capítulo se dejaron algunos cabos sueltos relacionados con el quehacer radiofónico, los cuales serán amarrados en el siguiente capítulo con el fin de exponer cómo es que funciona una estación de radio de Top 40.


[1] McCombs, op. cit., 199.

[2] Raquel Rodríguez Díaz, Teoría de la agenda-setting. Aplicación a la enseñanza universitaria, 40. http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/2297 Visitado el 22 de junio 2011.

[3] McCombs, op. cit., 191.

[4] Jorge García Negrete, ex programador de Rock 101, Elementos para una lectura posible de la radio (aproximaciones al verosímil de la programación musical de la radio comercial). Citado por Cristina Romo, Ondas, canales y mensajes, ITESO, México, 1991, 47.

[5] Javier Trejo Garay, ex voz institucional de FM Globo, entrevista realizada para este trabajo, pregunta 2, véase completa en Anexo.

[6] Ramiro Garza, entrevista realizada para este trabajo, pregunta 5, véase completa en Anexo.

[7] Por ejemplo, el promotor lleva al programador un sencillo seleccionado de un disco, en ese caso, quien escoge la música que entra a la estación no es directamente el programador, sino quien eligió el sencillo del disco.

[8] Como el caso de “Mesa que más aplauda” de Clímax, el cual, de ser una forma de animar a los asistentes a un table dance veracruzano llamado Clímax, pasó a ser una de los temas musicales más escuchados en la radio mexicana durante 2004.

[9] Víctor Roura. “La música moderna es justamente esa que está usted escuchando en la radio”, en Alma Rosa Alva de la Selva, et. al., Perfiles del cuadrante: experiencias de la radio. Trillas, México, 1989, 123.

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Próxima entrada: La radio de formato top 40 en México

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2 pensamientos en “Rock impop: ¿Quién establece la agenda del medio de comunicacón?

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