Rock impop: La era dorada del rock and roll en México

rockimpop_frontcoverEste es un fragmento de Rock impop: El rock mexicano en la radio Top 40.

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También puedes checar el archivo pdf Rock impop. El rock mexicano en la radio Top 40

 

 

 

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El primer periodo de rock en México que pretende analizar esta investigación inicia en 1956 y termina en 1971. 1956 por el nacimiento del rock mexicano, 1971 por la realización del Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, el cual, a la postre, significaría un rompimiento en la relación que los medios de comunicación, especialmente la radio, tendrían con este género. Es obvio que este primer periodo –y los siguientes que se analizarán en esta investigación–es heterogéneo y no todas las bandas eran de rock and roll propiamente dicho, sino que durante el mismo surgieron algunos conjuntos que se acercaron mucho más al blues-rock (Javier Bátiz, Three Souls in My Mind), el hard rock (Enigma, El Ritual), la psicodelia (Love Army, Peace and Love, Kaleidoscope) y el rock and roll (Los Locos del Ritmo, Los Hooligans).[1]

Como era de esperarse, esas diversas manifestaciones de lo que actualmente generalizamos con el término rock no tuvieron el mismo nivel de programación radiofónica durante el periodo analizado en este subtema. Uno de los objetivos de este y los próximos dos subtemas es no sólo escrutar qué tanto se programó el rock en las radios de Top 40, sino también, identificar cuáles eran los intérpretes que más se tocaban en la radio y así poder establecer quiénes conforman la élite del rock mexicano, en cuanto a programación en radio se refiere.

No se puede dejar de lado que las estaciones de radio a partir de la década de 1950 comenzaron a especializarse en públicos específicos, uno de los cuales era la población juvenil. Sin embargo, podemos señalar diferencias entre las estaciones de radio dirigidas a jóvenes: por ejemplo, Radio Variedades contaba con una serie de sencillos musicales diferentes a los de La Pantera, sus intereses eran distintos. Mientras la primera podía tocar desde rock and roll hasta baladas, la segunda prefería darle cabida a la música de rock en inglés.

Es factible que los públicos de ambas emisoras (y similares) se contrapusieran, es decir, que aquellos que escucharan La Pantera no escucharan Radio Variedades. También se puede suponer que debido a esa razón, La Pantera estaba dirigida a un público mucho más comprometido con lo que quería escuchar en la radio, gente que hacía de su fanatismo por el rock un rasgo distintivo de su personalidad. Y por el otro lado, Radio Variedades estaba dirigida a un auditorio mucho más tolerante a expresiones musicales distintas al rock. En otras palabras, se puede pensar que estaciones como La Pantera buscaran satisfacer el gusto musical de los roqueros, mientras que Radio Variedades programara temas para aquellos que sólo querían escuchar música en la radio, sin exigir un género en especial.

Precisamente por ese razonamiento, esta investigación está enfocada a las estaciones como Radio Variedades (categorizadas en este escrito como Top 40), porque en ellas no había una exigencia para que siempre sonara rock, sino que se podía tocar desde un bolero hasta una balada, pasando por un twist o un rock and roll. Gracias a esta característica, este tipo de estaciones siempre han sido de las más exitosas en el cuadrante de la Ciudad de México[2] y, gracias a ello, las posibilitadas de establecer una agenda musical radiofónica como ya se explicó a lo largo del capítulo I.

Por supuesto que en este primer periodo a analizar, la crítica de la opinión pública dirigida hacia el rock no fue uniforme. Durante los primeros años (1956-1967) se discutió sobre el rock and roll, la rebeldía que representaba su baile característico y la forma de vestir de los rocanroleros. En ese primer instante, el rock and roll era transgresor de las costumbres musicales enmarcadas en la música ranchera y la afrocaribeña de la década de los cuarenta y el primer lustro de los cincuenta. Posteriormente, el rock and roll comenzó a ser aceptado y asimilado por la opinión pública,[3] pero sucedáneamente –sobre todo a partir mediados de la década de 1960- surgieron otras expresiones musicales identificadas con el rock (a secas), las cuales, hacia finales de la década de los sesenta e inicios de los setenta, se convirtieron en el objetivo de ataque de la opinión pública.[4]

Es así que este primer periodo por analizar de rock mexicano en la radio no es equitativo en cuanto a difusión y, mucho menos, en cuanto a propuesta artística. Por lo tanto, hubo un rock que sí sonó en la radio y que sí fue popular entre la juventud que escuchaba las estaciones de radio de Top 40. Eso está reflejado en las listas de popularidad de las emisoras radiofónicas que se verán adelante.


[1] Géneros más importantes dentro del espectro del rock mexicano durante el periodo 1956-1971, sin embargo, no fueron los únicos, hubo más ramificaciones, las cuales son expuestas por Arturo Lara Lozano en su blog: http://6decadasderockmexicano.blogspot.com/

[2] En el punto “Estaciones de Top 40 en la Ciudad de México desde 1956” del Capítulo II de este trabajo, ya fueron descritas las 39 estaciones de este formato radiofónico que surgieron en las décadas de los cincuenta y sesenta.

[3] Cabe subrayar que, por parte de la industria radiofónica y discográfica, el rock and roll fue aceptado rápidamente. No pasó lo mismo con la opinión pública generalizada, un ejemplo es el siguiente: “La invasión rocanrolera ha provocado un clamor de protesta por parte del auditorio. El radioescucha ya no soporta las estridencias y los compases lastimeros del famosísimo rocanrol, ‘es una música para retrasados mentales’, nos dice un lector y en esa frase van los motivos por los cuales insistimos en que se restrinja siquiera un poco la musiquita esa”. Esto en Boletín Radiofónico, citado en Virginia Morales Ávila, Nuestra es la voz, de todos la palabra. Historia de la radiodifusión mexicana, México, UNAM, 2011, 374.

[4] Para ejemplos de este caso véanse notas como: “Nudismo y mariguana” (Alejandro Iñigo, Excélsior, 12 de septiembre de 1971, 14-A), “Algunos expertos sospechan que la sarna la transmiten los jipis” (sin firma, Excélsior, 12 de septiembre de 1971, 15-A), “En Avándaro una juerga increíble” (Alejandro Iñigo y Víctor Pagan, Excélsior, 12 de septiembre de 1971, 17-A) y la editorial “Desenfreno y estolidez” (Excélsior, 13 de septiembre de 1971 6-A), en la que, entre otras descalificaciones, se escribe lo siguiente: “En Avándaro se dio eso [drogas] y más: el erotismo por el erotismo, la injuria por la injuria, la estupidez por la estupidez.”

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